De semillas y ratones, más parecidos de lo que parece

Tres científicos marplatenses son parte del equipo que identificó un gen presente en plantas y animales que es clave en el la fecundación en plantas y en la viabilidad de los embriones de ratón.


Pasaron 160 años desde que Darwin planteó la existencia de un origen común para todos los organismos y la evidencia científica sigue aportando información que avala esta teoría, mostrando que hay factores en común entre organismos que parecieran muy alejados.

Los investigadores Gabriela Pagnussat y Diego Fiol, junto con el becario postdoctoral Leonardo Arias, del CONICET Mar del Plata son parte del grupo de investigación que participó del descubrimiento del gen MED30, clave para la reproducción en animales y vegetales.

Los científicos descubrieron la función del gen MED30, “este gen codifica para una sub-unidad de un complejo proteico, esencial para la transcripción específica de genes, cuyo rol en plantas era desconocido. En este trabajo descubrimos que el gen MED30 es requerido para la reproducción y el desarrollo en plantas, lo que incluye la producción de semillas y el proceso de floración, dos eventos claves para la producción vegetal”, explica Pagnussat. Cuando este gen está fallado el polen no puede fecundar al óvulo y no se genera la semilla.

Para lograr este descubrimiento los investigadores utilizaron como planta modelo a la especie Arabidopsis thaliana, que tiene un mecanismo de acción similar a los presentes en trigo, maíz, soja y otros cultivos de importancia mundial. Así, conocer el mecanismo de acción de este gen podría ser una pieza clave para el mejoramiento de cultivos de interés agronómico, utilizándolo a futuro para disminuir el riesgo de dispersión del polen.

Lo sorprendente del hallazgo es que ya se había observado algo similar en animales: cuando embriones de ratón portaban copias defectuosas de este gen los embriones no lograban desarrollarse. Conocer la existencia de este tipo de genes y entender su funcionamiento podría tener un alcance que exceda el campo vegetal, incluso podría tener impacto en la salud humana.

Los investigadores marplatenses desarrollan su trabajo en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB- CONICET, UNMDP) estudiando los mecanismos moleculares que definen la función de cada célula durante el desarrollo del embrión vegetal. También formaron parte de la investigación Aime Jaskolowski, Sabrina Iñigo, Sofía Arellano, María Oldra y Pablo Cerdán de la Fundación Instituto Leloir, Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA-CONICET), Ana Sede y Jorge Muschietti del Instituto de Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI-CONICET) y Hernán Lorenzi del J. Craig Venter Institute.

La información genética compartida entre organismos tan distantes y con funciones tan similares pone en evidencia el origen común de las especies y la enorme diversidad de organismos sobre la tierra, tal como lo planteaba Darwin. “Para nuestro grupo de investigación fue importante poder contribuir desde nuestra especialidad, que es la biología molecular y del desarrollo, a elucidar el rol de este gen clave para diversos aspectos del ciclo de vida de las plantas”, concluyó Pagnussat.