Entender hongos para mejorar cultivos

La producción agropecuaria representa uno de los mayores ingresos económicos de nuestro país. Por ello, pensar en formas de proteger los cultivos y la calidad de sus productos a lo largo de toda la cadena, resulta imprescindible. El investigador Sebastián Stenglein explica cómo estudian la relación entre hongos y plantas y cómo desarrollan este trabajo.


Los hongos patógenos parecen ser los grandes enemigos de la calidad, merman los rendimientos, la eficacia de la materia prima y además son capaces de producir toxinas, llamadas micotoxinas, que actúan sobre la salud humana, sobre todo cuando se habla de cereales.

Desde el año 2000, Sebastián Stenglein, investigador independiente del CONICET y director del Laboratorio de Biología Funcional y Biotecnología (BIOLAB), trabaja junto con su grupo de investigación “Biología e interacciones de los hongos en sistemas naturales y agroalimentarios” estudiando la diversidad de hongos patógenos, cómo interactúan frente a diferentes cultivos y la posible acumulación de micotoxinas en los granos en tiempos actuales y de cambio climático. “Hasta el momento muy pocos son los registros de los niveles aceptables de toxinas que hay en las harinas destinadas a la elaboración de distintos panificados y, menos aún, los niveles presentes en granos de cebada destinados al malteo para la elaboración de cervezas. Muchos de estos tópicos que abordamos son de gran interés no sólo para la ciencia sino para la sociedad”, explica Stenglein.

Su investigación se centra en la relación planta-hongo en sistemas agroalimentarios. Este proceso involucra el estudio de la población del patógeno, su interacción con su hospedante y el ambiente, hasta estudios de reducciones en el rendimiento y calidad de cereales y la presencia de micotoxinas en granos de consumo humano. Todo esto involucrando estudios fisiológicos y moleculares, realizando desde trabajos básicos en el laboratorio y cámaras de cultivo, hasta estudios directamente en el campo. “Por ejemplo, en una de las últimas investigaciones encontramos en ensayos a campo que los efectos del calentamiento global podrían generar el aumento en las concentraciones de micotoxinas en especies de interés agronómico. Nuestra línea de trabajo nos permite hacer investigación básica y aplicada, algo que no muchos tienen la suerte”, detalla el investigador.

El trabajo que llevan a cabo requiere de la participación de varios integrantes, investigadores, becarios, personal de apoyo a la investigación, alumnos que llevan a cabo sus tesis de grado y en ocasiones se suman investigadores de otros grupos que enriquecen la investigación. El grupo lleva a cabo su investigación en el BIOLAB y en la Facultad de Agronomía de Azul vinculado al Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC, CONICET)  interactuando desde hace años con sus investigadores. “El trabajo que llevamos a cabo, por lo general, es grupal y lo interesante es que nos permite realizar tareas de laboratorio como así también trabajo a campo, y a su vez, esperamos que en un futuro se pueda aplicar a campo para mejorar la situación de distintos sectores de la sociedad. Además, nos permite conocer y trabajar con mucha gente interesante, desde semilleros, productores (a veces amigos), empresas, colegas de distintas instituciones y que las tareas se hagan de manera interdisciplinaria. Siempre hay nuevos desafíos por delante y eso es fundamental para mantener la mente activa”, cuenta Sebastián.

Egresado de la Universidad Nacional de La Plata, Stenglein dio sus primeros pasos en la investigación en el área de la botánica. El investigador recuerda “en esa época armábamos los pósters para los congresos sobre cartulinas y se enviaban los trabajos científicos impresos y por correo postal”. En el año 2007 junto a su esposa,  María Moreno, también investigadora del CONICET y madre de sus tres hijos, decidieron cambiar de aire e irse a vivir a la ciudad de Azul. Allí, en la Facultad de Agronomía iniciaron el laboratorio de estudios a nivel molecular, contando con el apoyo de profesionales de diferentes lugares, que hicieron posible el crecimiento del grupo y que  en estos momentos es un grupo vinculado a la Unidad Ejecutora INBIOTEC y Centro de simple dependencia asociado a la CIC-BA. “Todos esos logros son en gran parte gracias a personas que confiaron en gente joven y con muchas ganas de hacer ciencia. Ciencia que hacemos con el corazón, porque lo sentimos, no lo tomamos como un trabajo, para nosotros trabajar en estos temas es la posibilidad de desarrollar nuestra pasión”, concluye Stenglein.